domingo, 5 de enero de 2020

Café del Palacio de Hierro del Centro Histórico de la Ciudad de México.




Amo ir a leer a una cafetería, si el lugar es hermoso, nuevo y vacío, es mejor. Así estrené el nuevo café que montaron dentro del Palacio de Hierro del Centro Histórico con entrada por la calle de 5 de febrero.
Amé la decoración, de pronto se sentía como estar en un café deco de los 20's - 30's con un gran ventanal a la calle, como esos en los cafés de París, ventanales para mirar a la gente pasar. Dejarse ver y también ser voyeur. Un vibe de la Wiener Werkstätte, con sus líneas marcadas, duras, negras, constrastantes. Lo horroroso fué el café, aunque generalmente pido un espresso, o macchiato, pedí un capuchino, así que me supo a agua de calcetín y quizá exagero y estaba bueno. Luego me arrepentí de no pedir una tarta de higo, pero eran las dos de la tarde y no quería arruinarme la comida. Así que seguro volveré a sentarme en ese lugar a tomarme un café, comer tarta de higo y mirar a la gente pasar.
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I love going to read to a cafeteria, if the place is beautiful, new and empty, it is better. This is how I went for the first time to the new cafe opened inside the El Palacio de Hierro Store with entrance at 5 de Febrero street.
I loved the decoration, it suddenly felt like being inside an art deco cafe from the 20's - 30's with a large window to the street, like those in the cafés on Paris, windows to watch people go by while Letting yourself be seen and also be voyeur. A vibe of the Wiener Werkstätte, with its marked, hard, black, contrasting lines. The horror was the coffee, although I usually take an espresso, or macchiato, I ordered a cappuccino, so it was like water to me and maybe I exaggerate and it was good. Then I regretted not asking for a fig cake, but it was two in the afternoon and I didn't want to ruin my dinner. So I will surely will go back and sit in that place for coffee, eating a fig tarte and watch people go by.

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