martes, 5 de noviembre de 2019

Cambiar de Piel.


¿Cómo cerramos etapas, momentos, ciclos? ¿Cómo nos liberamos de lo que ya está muerto?
¿Cómo dejamos ir lo que ya cumplió su función en nuestras vidas?
Desde la experiencia en el hammam, todos los viernes, empecé un ritual de exfoliación consciente, como una especie de recordatorio, incluso como un espacio de descanso un momento para vaciar la mente. Un momento para mí, para ser consciente de lo que termina, para cerrar la semana. Un recordatorio de que nada permanece, ni debe, permanecer igual. Poco a poco he construído esta micro colección de exfoliantes, principalmente porque amo la textura de unos y otros, porque casi no tienen olor y porque tienen algo de natural, de cercano a la tierra y lo simple. Debo admitir que odio que mis favoritos estén en envases de plástico, admito que compré los de loreal sólo porque adoro sentir el vidrio.
Antes sentía tanto rechazo a estas cosas, pensaba que eran superfluas, pero no, son en realidad rituales que te acercan más al centro de lo que eres, actos de reflexión, de autoconocimiento y de purificación quizá más honestos y simples que hablar con una amiga o ir al terapeuta.
Sumergir los dedos en estas mezclas me hace pensar en esas mujeres romanas cuyos dedos quedaron impregnados en esos botes de crema de 2,000 años atrás. Hay algo tan primordial en estos actos de cuidado propio, que van tan atrás a las primeras mujeres de la humanidad, a las primeras industrias humanas de la conciencia del cuerpo, de la conciencia y cuidado de nosotros mismos. La necesidad de civilización, la necesidad de rodearnos de belleza y pureza, que gran motor! elevarnos por sobre nuestra animalidad.
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Roman Cosmetics
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Egypt
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How do we close stages in life, moments, cycles? How do we free ourselves from what is already dead? How do we let go of what has already fulfilled its function in our lives?
Since my experience in the hammam, every Friday, I began a ritual of conscious exfoliation, as a kind of reminder, even as a resting routine a moment to empty the mind. A moment for me, to be aware of what is ending, a moment to close the week. A reminder that nothing remains, nor should, remains the same. Gradually I have built this micro collection of scrubs, mainly because I love the texture of each one, because they have almost no smell and because they have some simple, natural, close to the earth stuff in. I must admit that I hate that my favorites are in plastic containers, I admit that I bought the real ones just because I love to feel the glass.
 

I used to feel so much rejection of these things, I thought they were superfluous, but no, they are actually rituals that bring you closer to the center of who you are, acts of reflection, self-knowledge and purification perhaps more honest and simple than talking to a friend or going to the therapist.

Dipping my fingers in these mixtures makes me think of those Roman women whose fingers were impregnated in those cream jars 2,000 years ago. There is something so primordial in these acts of self-care, that they go so far back to the first women of humanity, to the first human industries of body consciousness, of self-awareness and care. The need for civilization, the need to surround ourselves with beauty and purity, what a great goal! to rise above our animality.

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Roman Cosmetics
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Egypt
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