miércoles, 16 de octubre de 2019

Moroccan Rose Oil.





Últimamente, cuando me quiero sentir bonita me pongo un poco del aceite de rosas que compré en Marruecos este verano. Lo compré en una herboristerie en la Medina de Fès, me costó 10 €, y la botella es terrible, lo sé, siempre pienso que quiero cambiarlo, pero al mismo tiempo me gusta que es tan simple, tan primordial, tan natural, casi naïve, que ha sobrevivido a estos meses de ir y venir y que me siguió de vuelta enterito sin un rasguño, sin una gota derramada hasta aquí. Toda la belleza que hemos visto, todo lo que hemos dejado atrás juntos, y vine a estrenarlo aquí hasta el otro lado del mundo. Algunas veces unas gotitas detrás de las orejas, otras veces en las muñecas, pero realmente me gusta ponérmelo en la frente, en medio de las cejas.

Lo tengo cerca de mí, sobre mi escritorio, junto a mi computadora y algunos libros, lo abro de vez en cuando mientras trabajo y olerlo me recuerda a tus ojos de serpiente, al caos de la medina, a las noches frescas, a la siesta obligada bajo el estupor de los 45 grados. Al té con menta. Al chasquido del agua en el hammam. Al eco lejano de las 2 am. Al sol, ascendiendo en el horizonte detrás de las montañas Atlas iluminándolo todo a las 5 de la mañana.

En este punto de mi vida siento que hacerte mujer es inventarte rituales, hacer hallazgos, unir todo lo que es bello y bueno y sólo eso. Es posible que quizá, no soy la única, verdad?

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Lately, when I want to feel myself pretty, I put on some of the rose oil I get in Morocco last summer. I bought it in a herboristerie in Fès Medina , it cost me €10, and the bottle is ugly, I know, I always think I want to change it, but at the same time I like that it is so simple, so primordial, so natural, almost naive , it has survived these months of coming and going and it followed me back to Mexico completely without a scratch, without losing a drop. All the beauty we've seen, everything we've left behind together, and I came to open it here to the other side of the Atlantic Ocean. Sometimes a few drops behind the ears, sometimes on my wrists, but I really like putting it on my forehead, in the middle of the eyebrows.

I have it near me at my desk, next to my computer and my books, I open it occasionally while working and it scent reminds me of your snake eyes, the chaos of the medina, the cool nights, the nap forced under the stupor of 45 degrees. To tea with mint. At the sound of the water in the hammam.
To the distant echo of 2 am. In reminds me to the Sun, ascending behind the Atlas mountains and lighting everything at 5 o clock in the morning.
 
At this point in my life I feel that to becoming a woman is to create rituals, make findings, unite everything that is beautiful and good and only that. It's possible that maybe, I'm not the only one, right?

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