domingo, 20 de octubre de 2019

Dibujos y Café en la Cafetería del Museo Franz Mayer.


Cafetería del Museo Franz Mayer
Av. Hidalgo 45, Centro Histórico de la Cdad. de México.

La cafetería del Museo Franz Mayer puede ser una de mis favoritas de toda la ciudad, principalmente porque el escenario en el que está montada es único:
un edficio del siglo XVI en el que te puedes sentar a tomar un café y leer sin que nadie te corretee es una bendición aquí y en china.
Creo que el encanto mayor para mí radica en la completa experiencia sensorial; la vista del patio peristílico, la fuente que rompe el silencio como el latido del corazón del edificio. Los pájaros cantando, las personas que se pasean, se siente hermoso estar ahí, el ambiente es armónico. Se puede leer con mucha tranquilidad y disfrutar lo fresco que es el microambiente que generan los árboles del patio y la madera y piedra y mosaicos con la que está construido todo el museo agrega un ambiente, una sensación de hecho por manos humanas, de materializado con una nota cercana al ambiente natural. Se siente viejo pero viejo saludable, antiguo pero amado. Pedí un espresso doble que está bastante decente y un quiche que pudo ser mejor, pero anyway, esta cafetería es súper asequible. El muchacho de la barra es de lo más amable, me contó un par de historias de fantasmas y me dijo que están tratando de levantar la cafetería para que no muera, así que no duden en ir y ya me cuentan a que sabe el pastel de matcha. Hasta hace un par de años entrar al patio era gratuito al anunciar en la entrada que ibas a la cafetería. pero ahora cuesta 10 pesos porque aparentemente los tesistas vienen como moscas a escribir por horas. No importa, es asequible y de verdad es bello y muy tranquilo estar, por momentos se siente como si estuvieras en Coyoacán o en un pueblo perdido fuera de la ciudad, un tesoro secreto del centro, un portal de vuelta al pasado que vale la pena atravesar.
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The cafeteria inside Franz Mayer Museum, is perhaps, one of my favorites throughout the city, mainly because the stage on which it is located is unique: after all 16th-century building where you can sit down for coffee and read without anyone rushing around is a blessing here and China.
I believe that the greatest charm here lies in the complete sensory experience; the view of the peristyl courtyard, the fountain that breaks the silence like the heartbeat of the building. The birds singing, the people walking around, it feels beautiful to be there, the atmosphere is harmonious. You can read with great tranquility and enjoy how cool the microenvironment generated by the patio trees and the wood and stone and tiles with which the entire museum is built adds an atmosphere, a feeling of humaness, materialized with a close note to the natural environment It feels old but old healthy, old but loved. I ordered a double espresso that is pretty decent and a quiche that could have been better, but anyway, this cafe is super affordable. The young man of the staff is the friendliest, he told me a couple of ghost stories and told me that they are trying to relaunch the cafeteria so that it does not die, so do not hesitate to go and tell me how was it the matcha cake. Until a couple of years ago, entering the courtyard was free when announcing at the entrance that you were going to the cafeteria. but now it costs 10 pesos because apparently theists come as flies to write for hours. It does not matter, it is affordable and it really is beautiful and very quiet to be there, at times it feels like you are in Coyoacán or in a lost town outside the city, a secret treasure of the center, a time gate to the past that is worth cross.

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